Su tipología es variada, por regla general, son sirenas de
tratamiento naturalista, hermoso rostro y largos cabellos, que en muchas
ocasiones sostienen instrumentos musicales o se dedican a acariciar sus
cabellos en actitud coqueta. En el siglo XVI, la actitud más generalizada de
las sirenas fue sostener con las manos un espejo y un peine. La cola era un
emblema de la prostitución y el espejo, considerado como objeto mágico, era
atributo de la mujer impura, y servía para contemplar el rostro de la muerte o
el culto al diablo (similitud a la actitud de afrodita en el mundo clásico). La
sirena también implica un símbolo de los tiempos de transición de
Carnestolendas (carne) a la cuaresma (pez). Más adelante las sirenas aparecen
amamantando a sus crías. La leche de las sirenas era conocida por los
alquimistas con una proteína que permitía el crecimiento rápido de los héroes
abandonados en el agua. Por otra parte la tipología que gozó de mayor
predicamento en las representaciones góticas, fue la sirena de cola pisciforme
única.
Sirenas de la mitología griega
Miniatura rusa del siglo X en la que aparece una sirena
representada a la manera de la Antigua Grecia, con cuerpo de ave y rostro de
mujer.
En el marco de la mitología griega, las sirenas son
criaturas ligeramente difusas debido al remoto y rico trasfondo de su origen,
probablemente ligado al mundo de los muertos. Según los mitos originales se
trataba de seres con cuerpo de pájaro y rostro o torso de mujer, que
inequívocamente se distinguen siempre por el hecho de tener una voz musical,
prodigiosamente atractiva e hipnótica. La tradición las hacía habitar en una
isla del Mediterráneo frente a Sorrento, en la costa de la Italia meridional
(en ocasiones se alude concretamente a Capri).
El primer testimonio escrito que se tiene de ellas es su
mención en la Odisea de Homero. Sin embargo, ya figuraban con la citada forma
en las representaciones artísticas más antiguas de Grecia, muchas de las cuales
son monumentos y ofrendas funerarios. Se deduce así su presumible vínculo con
el otro mundo, unido al frecuente uso iconográfico de los seres alados para
representar a los espíritus de los difuntos.
Si bien es un tema que sigue siendo objeto de debate entre
los expertos, parece plausible que, en un principio, los griegos hubieran visto
a las sirenas como las encargadas de transportar las almas al Hades (función
que posteriormente acabaría asumiendo el dios Hermes en su papel de
psicopompo).
En época preclásica comenzaron ya a asimilar, aunque nunca
plenamente, ciertos aspectos aislados de otras ninfas como las náyades o las
nereidas: en concreto, la asociación más o menos directa con el medio líquido y
la fatalidad de su atractivo. Náyades y nereidas resultaban letales para los
hombres debido a su naturaleza acuática, si bien eran normalmente benéficas y
les prestaban ayuda; en cambio, las sirenas adquirieron un carácter maligno de
matiz monstruoso, pues el influjo irresistible de su canto llevaba
intencionadamente a la perdición. Las naves que se acercaban a su isla acababan
estrellándose contra las rocas y ellas devoraban a los marineros, dejando la
costa repleta de huesos.
Los antropólogos que suscriben el parentesco de las sirenas
con el más allá plantean una teoría: en paralelo con arquetipos de otras
mitologías, quizá estos seres fueran inicialmente genios que guardaban el paso
hacia las Puertas de la Muerte. Puertas que muy bien podrían estar
simbólicamente emparentadas con el paso de Escila y Caribdis, al que las
sirenas están próximas en los cantos homéricos. Eurípides, en una estrofa del
coro de Helena (verso 168) las llama παρθηνικοι κοραι parthenikoi korai,
‘jóvenes doncellas’; en este fragmento se apoyan Laurence Kahn-Lyotard y Nicole
Loraux para incluirlas dentro de las figuras del Más Allá, identificándolas con
las cantoras de las Islas de los Bienaventurados descritas por Platón.
Distintos relatos las hacen descender de los dioses
fluviales Aqueloo —una versión, en concreto, las hacía proceder de su sangre,
cuando esta fue derramada por Heracles— o Forcis, sea sin intervención femenina
o con la de las musas Estérope, Melpómene o Terpsícore, relacionadas con el
canto y el baile. Su número es también impreciso, contándose entre dos y cinco.
Los nombres registrados incluyen Agláope (la de bello rostro), Telxiepia (de
palabras aclamantes) o Telxínoe (deleite del corazón), Pisínoe (la persuasiva),
Parténope (aroma a doncella), Ligeia (empleado luego por Edgar Allan Poe para
el célebre cuento homónimo sobre una mujer de mortal belleza), Leucosia (como
un ser puro), Molpe (la musa), Radne (mejoramiento) y Teles (la perfecta).
Figuran en algunos episodios míticos, muchas veces con
reminiscencias de su antiguo papel como deidades ctónicas de la otra vida.
Algunas versiones narran que acompañaban a Perséfone cuando fue raptada por
Hades, y que su apariencia bestial fue el castigo impuesto por Deméter por no
proteger a su hija del dios del inframundo. En otras, el cuerpo alado es un don
de Zeus para permitirles perseguir al raptor, y aún en otras es una pena
impuesta por Afrodita por resistirse a la voluptuosidad o por envidia de su
gran belleza.
También se cuenta que las sirenas perdieron sus plumas como
castigo por retar a las Musas a una competición de canto que perdieron, y que
cuando Orfeo y Ulises se resistieron al efecto de sus voces se arrojaron al
mar, convirtiéndose en escollos o pereciendo. En esta última versión, el
cadáver de una de ellas, Parténope, fue arrastrado por las olas hasta la orilla
y en torno a su sepulcro se fundó la actual Nápoles.
Una sirena esperando en una roca.
Según los poetas romanos Virgilio (en la epopeya Eneida) y
Ovidio, la Sirenum scopulieran o Isla de las Sirenas eran tres pequeñas islas
rocosas donde las sirenas de la mitología griega vivían y engañaban a los
marineros con su música y con su voz para llevarlos a la muerte.
Diversos lugares fueron asignados a las islas de las sirenas
por diferentes personajes. Según Homero, en la Odisea estaba entre Eea y La
roca de Scilla. A menudo han sido colocadas en el mar Tirreno , frente a las
costas del suroeste de Italia, cerca de la ciudad de Paestum o entre Sorrento y
la Isla de Capri. Otras tradiciones apuntan a las islas Punta del Faro y/o
Sirenuse,cuyo nombre tradicional significa sirena y Li Galli o Los Gallos, hace
referencia a la forma de pájaro de las antiguas sirenas.
Según el ensayista y guionista inglés del siglo XVIII,
Joseph Addison, las rocas de la isla forman parte de Capri, una isla cerca de
la costa del sur de Italia2 .
Todas las ubicaciones fueron descritas en lugares rodeados
de acantilados y rocas.
Sirenas de otras mitologías
En el reverso de una moneda de Demetrio III Eucarios,
aparece la diosa Atargatis como una mujer con cola de pez.
En Medio Oriente: Las primeras historias conocidas sobre
sirenas aparecieron en Asiria, antes del 1000 AC. El hecho de representarlas
con medio cuerpo de pez se debe a la leyenda referida por Diodoro Sículo en la
que Derceto ofendió a Venus y entonces la diosa le inspiró amor hacia un
pastor. De este amor nació una niña, Semíramis, que llegaría a ser reina de
Babilonia. Después de nacer su hija, también por obra de Venus, acabó el amor.
Derceto, llena de ira, abandonó a su hija, hizo matar al hombre a quien había
amado y se arrojó al agua dispuesta a suicidarse, lo que los dioses no
permitieron. Así dio origen a su morfología anfibia. Esta diosa Derceto es muy
similar a la figura de Atargatis la diosa siria con forma de sirena a la cual
los peces le eran consagrados. La diosa fue adorada en templos en los que había
grandes estanques, y, puesto que era la deidad que gobernaba los mares, sus
sacerdotes solían vender licencias de pesca a los marineros.
En las Islas Británicas: Las sirenas se observaron en el
folclore británico como presagios de mala suerte. Las sirenas también podrían
nadar en agua dulce y llegar hasta los ríos y lagos y ahogar a sus víctimas,
haciéndoles creer que eran personas que se estaban ahogando. En ocasiones, las
sirenas podrían curar enfermedades. Algunas sirenas eran descritas como
monstruos grandes de hasta 600 m.
Es muy conocida en Gales la historia de Dahud, la princesa
de Caer Ys, una ciudad que, debido a los pecados de la hija del Rey (la joven y
bella Dahud), fue condenada por los dioses a ser tragada por las olas. Cuando
el padre de Dahud escapaba, su hija cayó al mar, y ahí sigue desde entonces, transformada
en una sirena, nadando entre las ruinas de Caer Ys. Otra leyenda muy popular en
Gales es la de Murgen: En el siglo VI, una sirena fue capturada y bautizada en
el norte de Gales, y se le enseñó la lengua nativa. Se dijo que no era pez
porque cosía y hablaba, pero no era mujer porque podía vivir bajo el agua. La
sirena figuró como una santa en ciertos almanaques antiguos, bajo el nombre de
Murgen que quiere decir mujer que viene del mar.
Pintura de John Collier.
En Irlanda a los sirénidos los llaman merrows. Creen que el
número de hembras es superior al de los machos, aunque estos son más feos que
sus compañeras: un merrow masculino poseen dientes puntiagudos y rostro
semejante a un cerdo. Todos los merrows se caracterizan por las membranas de sus
manos, su hostilidad hacia los humanos y sus prendas mágicas, que les permiten
atravesar cualquier corriente oceánica. Todo hombre o mujer que le roba la
prenda a un merrow tiene poder sobre él, y en muchos relatos, varios hombres
esconden estas prendas obligando a las hembras a casarse con ellos. Los hombres
ganan así esposas bellas y ricas (debido a los botines que las sirenas obtienen
con los naufragios), pero si la esposa merrow recupera su prenda, la llamada
del mar será tan fuerte que acabará abandonando a sus hijos y a su marido.
En la mitología escocesa, hay una sirena llamada Ceasg o
"doncella de las olas". La parte inferior de esta sirena es la de un
salmón. Se dice que a aquellos que la capturan les concede tres deseos si la
devuelven al agua, pero cuando un hombre se enamora de ella, la mujer-salmón lo
seduce y lo arrastra a las profundidades. Famosos son también en Escocia los
selkies, hadas marinas que en el mar adoptan la forma de una foca, pero al
llegar a la tierra se deshacen de sus pieles para tomar forma de mujer. Al
igual que con los merrows, todo hombre que quiera una esposa selkie solo tiene
que robarle la piel de foca, pero si ella encuentra la piel, volverá al mar
para siempre. Los hijos nacidos de la unión de hombres y selkies tenían
membranas que unían los dedos de sus pies o sus manos.
En China: En algunos cuentos antiguos, las sirenas son una
especie cuyas lágrimas se convierten en perlas preciosas. Las sirenas también
pueden tejer un material muy valioso que no solo es ligero sino también hermoso
y transparente. Debido a esto, los pescadores siempre tenían ganas de
agarrarlas, pero el canto de las sirenas lo dificultaba. En otras leyendas
chinas, las sirenas son unas criaturas maravillosas, hábiles y versátiles y
estaba mal visto que los pescadores quisieran capturarlas.
En la Península Ibérica: Las historias de sirenas también
son muy famosas en la península, hay una gran cantidad de relatos acerca de
mujeres-pez que seducen a los marinos, aunque en otros, estas ninfas son
totalmente benevolentes.
Es famosa en Cantabria la historia de La Sirenuca, una
sirena que antes fue humana. Su madre, harta de que la desobedeciera para ir a
los acantilados, gritó "Permita Dios que te vuelvas pez", y así
sucedió. Desde entonces, alerta con su canto a los marineros de que se acercan
peligrosamente a los acantilados. Esta es una de las pocas sirenas
completamente buenas de la mitología europea.
En País Vasco son muy populares los seres mitológicos
llamados Itsaslaminak, que en castellano significa Lamias del mar. También se
les llama Arrainandereak (mujeres-pez). En lugar de piernas o pies palmeados de
pato como toda Lamia de las montañas vasco-navarras, poseen una larga cola de
pez. Igual que las otras Lamias, las Itsaslaminak peinan sus cabellos con
peines de oro de los que dependen totalmente. Quien quiera dominarlas puede
robarles el peine, aunque eso las enfurece, pudiendo ahogar al ladrón o traer
mal tiempo a las costas. Sin embargo, no siempre son malas y a veces se
enamoran apasionadamente de los marineros que rondan por las costas vascas.
En la mitología extremeña también hay sirenas, pero éstas
viven en los ríos, de los que salen para ahogar a los hombres después de
seducirlos con sus cantos. Se cree que hay una sirena que nada por las aguas
del Tajo en Garrovillas, y otra que cada noche de San Blas, sale de la fuente
de Luná en Usagre para atraer y ahogar a sus víctimas.
En la actualidad hay opiniones acerca de la existencia de
estas criaturas mitológicas. Esta diversidad la encontramos en documentales y
artículos que aseguran e incluso argumentan su existencia. Un ejemplo es una
fantasía en forma de documental televisado en la cadena Animal Planet de
Discovery Channel, Sirenas: El cuerpo hallado3 y muchas personas pensaron que
eran pruebas de existencia.4
Las sirenas y la fe cristiana[editar]
En el siglo IV, cuando las creencias paganas fueron
eclipsadas por el cristianismo, la fe en los seres mitológicos fue erradicada
junto con las sirenas. Jerónimo, que produjo la versión Vulgata de la Biblia
utiliza la palabra "sirenas" al traducir םינת Thanim (chacal) en Isaías 13:22 y (búhos) en
Jeremías 50:39, esto fue explicado por Ambrosio como un símbolo de las
tentaciones del mundo, y no como un aval de la mitología griega.
Y entre las ruinas de sus palacios resonarán los ecos de los
búhos, y cantarán las sirenas en aquellos lugares que fueron consagrados al
deleite. Isaias 13:22
La interpretación evemerista paleocristiana de los seres
humanos recibió un impulso de larga duración en la obra Etimologías de Isidoro.
"Ellos [los griegos] imaginaban que 'había tres sirenas, parte virgen,
parte ave con alas y garras. 'Una de ellas cantaba, otra tocaba la flauta y la
tercera la lira.
Las sirenas se siguió utilizando como un símbolo de la
peligrosa tentación encarnada por las mujeres, con regularidad durante todo el
arte cristiano de la época medieval; Sin embargo, en el siglo XVII, algunos
escritores jesuitas comenzaron a afirmar su existencia real, incluyendo
Cornelius , que dijo de la mujer, "su mirada es como la del legendario
basilisco, su voz como de sirena, que encanta y con su belleza se priva de la
razón. Antonio de Lorea y Atanasio Kircher argumentaron que las sirenas habrían
aparecido a bordo del arca de Noé.
Episodios literarios en los que aparecen sirenas
Ulises y las sirenas (cerámica ática, 480–470 a. C., Museo
Británico).
En la leyenda de Jasón y los Argonautas, los marineros
encantados por la voz de las sirenas se salvaron del desastre gracias a la
habilidad de Orfeo, que logró con su canto tapar la música de aquellas y
distraer a los Argonautas que se hubieran encallado de otro modo en los sirenum
scopuli donde estas habitaban. Derrotadas por la superior habilidad de Orfeo,
las sirenas se transformaron en piedra, o en otras versiones se arrojaron al
mar para morir.
En la Odisea (XII, 39), Ulises preparó a su tripulación para
evitar la música de las sirenas tapándoles los oídos con cera; deseoso de
escucharlas él mismo, se hizo atar a un mástil para no poder arrojarse a las
aguas al oír su música.5
En el cuento La sirenita, de Andersen, la protagonista es
una sirena enamorada que acude a una bruja para que le dé piernas a cambio de
su dulce voz.
En las Las mil y una noches las sirenas se conciben como
anatómicamente idénticas a los seres humanos con una única distinción, su
capacidad de respirar y vivir bajo el agua. En este cuento los humanos y las
sirenas pueden reproducirse. Como resultado los hijos de estas uniones tienen
la capacidad de vivir bajo el agua. En el cuento "Abdullah Abdullah de los
Pescadores y el Merman", el protagonista del Pescador Abdullah gana la
habilidad de respirar bajo el agua y descubre una sociedad bajo el agua que se
presenta como un reflejo invertido de la sociedad sobre la tierra. En "Las
aventuras de Bulukiya", la búsqueda del protagonista Bulukiya para la
hierba de la mortalidad, le lleva a explorar los mares, donde se encuentra con
el reino de las sirenas. En el titulado La ciudad de bronce6 leemos la
siguiente descripción:
las dos hijas del mar [...] eran dos maravillosas criaturas
de largos cabellos ondulados como las olas, de cara de luna y de senos
admirables y redondos y duros cual guijarros marinos; pero desde el ombligo
carecían de las suntuosidades carnales que generalmente son patrimonio de las
hijas de los hombres, y las sustituían con un cuerpo de pez que se movía a
derecha y a izquierda, de la propia manera que las mujeres cuando advierten que
a su paso llaman la atención. Tenían la voz muy dulce, y su sonrisa resultaba
encantadora; pero no comprendían ni hablaban ninguno de los idiomas conocidos,
y contentábanse con responder únicamente con la sonrisa de sus ojos a todas las
preguntas que se les dirigían.
Cristóbal Colón afirma en su Diario de su Primer Viaje
(1492-3), que vio a las sirenas en el Nuevo Mundo, que él creía la parte más
oriental de Asia. Según la transcripción de Bartolomé de las Casas:
El día pasado, cuando el Almirante iba al río del Oro, dijo
que vio tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan
hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la
cara. Dijo que otras veces vio algunas en Guinea, en la costa de la Manegueta.7
Muy distinta es la sirena del relato de Hans Christian
Andersen La Sirenita, capaz de entender y hablar la lengua de los hombres, un
personaje tierno y enamoradizo que salva a un apuesto príncipe de naufragar. La
joven sirena se enamora y hace un pacto con la bruja del mar: La hechicera la
transformará en humana, pero si el príncipe se casa con otra, morirá. Además,
como pago, la bruja le corta la lengua y así se queda con su bella voz. El
príncipe, tras un brevísimo idilio, se casa con una joven de sangre noble, y
las hermanas de la sirena le ofrecen un cuchillo mágico que le devolverá la
cola si mata con él al príncipe. Pero el amor de la sirenita es tan grande que
prefiere transformarse en espuma que matar a la joven. Por su bondad, será
recompensada con un alma inmortal, algo que ninguna sirena poseía según
Andersen.
También se puede recordar a JK Rowling, quien en el cuarto
libro de la saga Harry Potter, el Cáliz de Fuego, inserta a las sirenas en el
lago negro, lugar donde Harry deberá pasar su segunda prueba. Dice que su canto
solo es entendible debajo del agua, y que muy pocos magos pueden comprenderlas
fuera de la misma. No las describe como criaturas bellas.
En El mar de los monstruos, mientras Percy y Annabeth navegan
apresuradamente en el Venganza de la Reina Ana a través del mar de los
monstruos, pasan cerca de la isla de las sirenas. Percy se tapa los oídos para
no escuchar sus cantos pero Annabeth lo convence de que la amarre al mástil y
así ella pueda escucharlos, pues transmitían poderosos mensajes. Sin embargo,
Annabeth logra desatarse y se arroja al mar a nadar hacia las sirenas, siendo
rescatada por Percy.
Atractivo de las sirenas
Del pintor danés Edvard Eriksen, expuesta al público danés
desde el 23 de agosto de 1913.
Sirenas de Charles Edouard Boutibonne
Sirena de bronce de Antoni Alsina, en Madrid, España (1922).
Aunque en la iconografía moderna las sirenas se representan
por lo general como de abrumadora belleza, es probable que en la tradición
clásica su único atractivo radicase en su voz y que su apariencia fuese poco
menos que monstruosa. Horacio, en la Epistola ad Pisones, hace mención a un
híbrido de mujer y pez como un sujeto hilarante
¿aguantaríais la risa al verlo,
camaradas?
Se ha comentado que posiblemente las sirenas que tanto
intrigaron a Sigmund Freud son la intelectualización tardía de un hecho
narrativo que aúna peligro y belleza. En todo caso, ése sería un añadido
elaborado a lo largo de los siglos a su origen como horrendas y extraordinarias
cantantes que ocultaban el asesinato y la antropofagia.

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