Una isla es una
zona de tierra firme, más o menos extensa, rodeada completamente por una masa
de agua, de tamaño menor que un continente. Toda su superficie, tomada a la
misma altura sobre el nivel del mar, está sometida a un clima similar, a
diferencia de lo que ocurre en los continentes. Existen islas en los ríos,
lagos, mares y océanos. El tamaño de las islas es variable, pudiendo tener
desde unos pocos metros cuadrados de superficie hasta más de dos millones de
kilómetros cuadrados, como es el caso de Groenlandia.
Origen de las
islas:
Las islas pueden
tener diversos orígenes (como la erosión y la sedimentación), en especial las
que están ubicadas en mares y océanos. Pueden evolucionar y aumentar su tamaño
por depósitos de sedimentos o por acumulación de material volcánico u orgánico.
En ocasiones, pueden ser formadas por procesos erosivos en los cuales una
porción de tierra queda separada de un continente. Una variación en el nivel
del mar también puede provocar la aparición de islas, cuando se sumergen las
tierras bajas y quedan aisladas las zonas más altas del relieve (aumento de
nivel del mar), como ocurre con el monte Saint-Michel durante la marea alta, o
al aflorar picos sumergidos en el fondo marino (disminución de nivel del mar),
como ocurriría en el caso de una bajada del nivel con los bajíos del canal de
la Mancha.
Tipos de isla:
Islas continentales:
Islas Británicas
Islas Malgrats en
Mallorca, España.
Estas islas son
partes de tierra conectadas por la plataforma continental a un continente. Esto
significa que son parte del continente adyacente, y que están localizadas en su
plataforma continental.
Ejemplos de islas
continentales de diverso tamaño y forma:
Groenlandia de
América
Madagascar de
África
Gran Bretaña
de Europa
Granada,
Trinidad, Islas Malvinas, Isla de los Estados de América
Sicilia de
Europa
Sumatra y Java
de Asia
Papúa de
Oceanía
Isla de
Vancouver de Canadá, América
Terranova de
Canadá, América
Tasmania de
Oceanía
Cuba de
Caribe, América
La Española de
Caribe, América
Chiloé de
América
Isla de
Margarita de Venezuela, América
San Lorenzo de
Perú, América
San Andrés de
Colombia, América
Islas
volcánicas
Isla de origen
volcánico (archip. Hawái).
Isla
Bartolomé, en las islas Galápagos.
La actividad
volcánica que se produce en los fondos oceánicos trae como consecuencia la
formación de islas. Esto suele estar relacionado con el movimiento de placas de
la corteza terrestre.
Ejemplos de este tipo de islas son:
Islas Marianas
e islas Aleutianas
Algunas de las
islas Antillas y las Islas Sandwich del Sur en el océano Atlántico
Isla de Pascua
Islas Canarias
Islas Azores
Islas Madeira
Cabo Verde
Hawái
Japón,
Islas
Galápagos
Nueva Zelanda
Isla Heard
Islas
Revillagigedo
Islas coralinas
Las islas y
arrecifes coralinos se encuentran en mares tropicales y subtropicales. Están
formadas por los esqueletos de un grupo de organismos marinos primitivos,
denominados corales. Se forman cuando el coral crece hasta la superficie del
océano, desde plataformas submarinas no muy profundas, siendo muchas veces
conos volcánicos. Cuando el cono está completamente sumergido se forma un
atolón coralino. El coral dejará de crecer hacia arriba cuando llega a la
superficie. Por este motivo estas islas son planas y bajas. Ejemplos de este
tipo de islas son:
Las Maldivas.
El archipiélago
Chagos.
Islas
sedimentarias:
Estas islas se
forman en la desembocadura de ríos grandes por la acumulación de arena, grava y
lodo, que son arrastrados por la corriente del río. Estos sedimentos se van
depositando formando montículos en lagos, lagunas, u otros ríos donde la
corriente pierde velocidad. Estas islas forman un delta, como por ejemplo los
deltas de los ríos Ebro, Ganges, Misisipi, Orinoco, Nilo y Paraná. La isla de
Marajó, en la desembocadura del Amazonas, es la mayor isla sedimentaria del
mundo, con una extensión igual a la de Dinamarca.
Islas fluviales:
Imagen satelital
de la isla fluvial Suárez (Bolivia - Brasil).
Las islas
fluviales se forman a partir de barras presentes en el canal central del río,
cuyas partículas se componen de materiales de diverso tamaño. La migración de
los ríos de curso meándrico y anastomosado dejan una serie de crestas o
restingas y depresiones pantanosas o bajiales, que se denominan complejo de
orillares, lo que va determinando la conformación de diferentes tipos de
vegetación, como por ejemplo ambientes de tierra firme, ambientes inundables o
ambientes transicionales entre estos dos. Cada cresta representa el resultado
de la migración del curso durante la formación de una nueva playa.
Las islas
fluviales, al encontrarse delimitadas por un río y sujetas a su dinámica de
inundación, presentan una serie de condiciones ambientales específicas en áreas
muy pequeñas, producto de las diferencias topográficas, lo que obliga a ciertas
especies animales y vegetales a adaptarse a las condiciones que este dinamismo
conlleva. Por ejemplo, los bosques inundados temporalmente tienen
características muy heterogéneas en áreas pequeñas; estos bosques no son
estables, pues están sujetos a cambios causados por el crecimiento y avance del
cauce el río. Se considera que la Isla del Bananal en el centro de Brasil es la
mayor isla fluvial de la Tierra.
Simbolismo
La isla tiene una
presencia importante en el arte y las creencias religiosas. Su simbolismo es
ambiguo: por una parte se asocia a las ideas negativas de aislamiento,
confinamiento y muerte (de hecho, algunas islas han sido usadas como prisiones,
como la Isla del Diablo y El frontón); por otra, es el lugar propicio para
situar un tesoro (así, en La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson), una
sociedad perfecta (Atlántida, Utopía) o el paraíso (morada del buen salvaje o
de las almas de los bienaventurados: Islas de los Bienaventurados, Tír na nÓg,
Ávalon). A menudo se asocian a la figura femenina, como sucede en la Odisea,
donde Circe y Calipso, acogedoras y peligrosas al mismo tiempo, son señoras de
sendas islas, Eea y Ogigia.
La complejidad de
este simbolismo se presta a situar en las islas historias con valor iniciático,
en las que el héroe debe afrontar un gran riesgo, enfrentándose a dificultades
de todo tipo (monstruos, trampas, tentaciones, enemigos) para alcanzar el
conocimiento de sí mismo, la madurez o un tesoro material. La serie de
televisión Lost (Perdidos) es un ejemplo reciente de este tipo de narraciones,
que tiene su precedente en novelas como Robinson Crusoe de Daniel Defoe, La
isla misteriosa de Jules Verne, La montaña análoga de René Daumal o El señor de
las moscas de William Golding.





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